Un cuento de Navidad

Nos encontramos en el comienzo de las fiestas navideñas, hoy es Nochebuena y desde Donurmy deseamos que paséis unas felices fiestas rodeados de todos vuestros seres queridos. Es por ello que hoy hemos decidido contaros un cuento pensado en la Navidad, y así poder rescatar los valores por encima de una fiesta materialista.

“Como todos podemos imaginar, para esta época del año, el taller de Papá Noel está en plena actividad. Sabemos que no trabaja solo, sino que lo ayudan miles de duendecitos pequeños, ligeros y encantadores.

Nadie alcanza a ponerse al día, el taller es un lío tremendo, duendes que van y vienen, juguetes que se fabrican y se envuelven, cartas por todos lados. De todos modos, para poder cumplir bien con todo este trabajo, los duendes están organizados en grupos y cada grupo cumple una función diferente. Algunos duendes confeccionan los juguetes. Otros los distribuyen. Unos cuantos se dedican a leer las cartas. Estos últimos son los duendes lectores; ellos juntan la inmensa cantidad de cartas que envían todos los niños del mundo, las abren, las leen y las seleccionan para entregar a las distintas secciones, como por ejemplo, sección de muñecas, sección de consolas, etc.
Las cartas llegaban, como ya dijimos desde todo el mundo. Llegaban cartas de los niños que más tenían y también las de aquellos que no tenían tanto o tenían muy poco.
Para desgracia de nuestros duendecitos, esa Navidad hizo mucho más frío que de costumbre y la mayoría de ellos se resfrió. Todos tenían la nariz colorada y se pasaban el día estornudando.

Los duendes lectores muy divertidos y cansados de estornudar, hicieron un campeonato de estornudos, para no aburrirse. Mientras iban abriendo las cartas, hicieron dos equipos, se colocaron en los extremos de la mesa de trabajo y veían qué estornudo sonaba más fuerte y cuál hacía mover más las cartas. A un equipo se le fue la mano y tan fuerte fueron les estornudos generales que todas las cartas volaron por el aire.

–¿Cómo le diremos a Papa Noel que mezclamos todos los pedidos? ¿Cómo, cómo, cómo? –decía un duendecito que se caracterizaba por repetir todo muchas veces.
–Con la verdad –dijo otro–-. ¿De qué nos serviría mentir? Hicimos una travesura y debemos aceptar las consecuencias.

Así fue que hablaron con Papá Noel y le dijeron la verdad. El duendecito repetidor no paraba de pedir perdón, decía que nunca, nunca, nunca, lo volvería a hacer. Papá Noel valoró que los duendecitos le dijeran la verdad. De todas maneras, antes de dar por finalizada la charla, les dijo:

–Pues bien, amiguitos, esto les enseña que la correspondencia es algo muy serio. Jamás se juega con ella, los pedidos de los niños son sagrados para todos nosotros. Ahora deberán enmendar su error y ordenar todos los pedidos que volaron por el aire gracias a su concurso.

Los duendecitos corrieron presurosos a ordenar el lío que habían armado. Cuando volvieron a su mesa de trabajo, se dieron cuenta de que las cartas estaban por un lado y los sobres con el nombre de cada niño en otro. ¿Cómo harían para saber qué había pedido cada uno y no confundir los pedidos? No era una tarea fácil precisamente, pero ayudándose por la letra, trataron de juntar cartas y sobres. Hasta el punto de pasar toda la noche en vela.

A pesar de su esfuerzo, muchos de los pedidos de los niños se mezclaron. Cuando los duendes encargados del montaje de pedidos, notaron que algo no andaba bien consultaron con Papá Noel. A lo que este les dijo, que el mundo había cambiando mucho y los niños también. Ahora las niñas juegan fútbol, a los niños les gusta las muñecas… Todo ha cambiado tanto desde que empezamos con este hermoso trabajo que ya nada puede sorprenderme.

Así fue que los pedidos salieron cambiados. La noche previa a la Navidad, la de más trabajo y entusiasmo, los duendes lectores estaban muy nerviosos, más allá de seguir muy resfriados.
–¿Creeis que los chicos no se van a dar cuenta de que Papa Noel no les lleva lo que pidieron? Se van a enojar con él por nuestra culpa.
–Puede ser que tengas un poco de razón –contestó el otro duendecito mientras se miraba al espejo su nariz cada vez más colorada–. Tal vez algunos niños se desilusionen un poco, pero yo creo que si son humildes de corazón, aunque no sea el regalo que pidieron, sabrán agradecerlo igual.
Y llegó el tan ansiado día. Papá Noel cargado con los pedidos salió con su trineo conducido por sus fieles renos. Como todos los años, a la velocidad de la luz, tratando de no ser visto y con un amor inmenso, dejó cada paquete bajo cada árbol de Navidad.

Cansado pero muy feliz, Papá Noel regresó por la mañana al Polo Norte. Sorprendido vio que los duendes no se habían dormido y empezaron a preguntarle si todo había ido bien.

Mientras tanto, en las distintas ciudades, pueblos y calles, los niños de diferente clase y condición abrían sus paquetes, todos con idéntico entusiasmo. Al abrir los regalos, muchos vieron que no recibían lo que realmente habían pedido y no todos reaccionaron de la misma manera. Algunos de los niños que más tenían o que más acostumbrados estaban a una vida cómoda, llena de cosas y caprichos cumplidos, no podían entender cómo no recibían exactamente el juguete que habían deseado. Acostumbrados a tener todo, sufrieron una gran desilusión. Para ellos no fue tal vez ésa, la mejor de las Navidades.
Sin embargo, para los más humildes de corazón, también para aquellos para los cuales la vida no era ni cómoda, ni fácil, al ver que lo que estaba en el paquete no era exactamente lo que habían pedido, igual se sintieron agradecidos porque Papá Noel se había acordado de ellos y les había regalado algo.
Para ellos, igual fue una hermosa Navidad, porque sabían que lo importante no pasaba por el contenido del paquete, sino por estar rodeados del amor de su familia, que era sin duda el mayor regalo que podían llegar a desear en este mundo en Navidad y en cualquier otra época del año.”

Christmas presents

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